El mito de Norberto Barraza

El mito de Norberto Barraza

Durante años cultivó la imagen del funcionario que sabía resolver. El Congreso le dio la oportunidad de demostrarlo, pero sus resultados quedaron muy lejos del personaje.

Norberto Barraza construyó su capital político como un funcionario práctico, cercano a la ciudadanía y capaz de resolver problemas. Su paso por distintas administraciones municipales, encabezadas por el PRI, PAN y Morena, alimentó esa reputación. Así nació el mito de Barraza.

Sin embargo, esa supuesta conexión con la gente nunca se tradujo en un respaldo electoral contundente. En 2018, como candidato independiente a la alcaldía de Hermosillo, obtuvo apenas 12 mil 577 votos, alrededor del 4.4 por ciento de la votación.

Entonces se presentó como un ciudadano sin compromisos partidistas y criticó a los políticos que se reciclaban de un puesto a otro. Después trabajó en un gobierno de Morena y en 2021 apoyó públicamente a Ernesto “El Borrego” Gándara, candidato a gobernador de la alianza PRI, PAN y PRD. Más tarde intentó crear su propio partido y finalmente aceptó una candidatura dentro de la coalición encabezada por Morena, representando al PES.

Su llegada al Congreso era la oportunidad de demostrar que su fama de funcionario resolutivo podía convertirse en leyes, fiscalización y resultados. Recibió una curul de mayoría, la coordinación de su grupo parlamentario y la presidencia de la Comisión de Obras y Servicios Públicos. También participa en Fiscalización, Presupuestos y Asuntos Municipales, Desarrollo Urbano y Régimen Interno.

Espacios y respaldo político no le faltaron.

Entre sus propuestas aparecen el testamento público simplificado, la figura del gerente de ciudad, la agilización de trámites fiscales, los informes obligatorios de los regidores y las plantas separadoras de residuos. Son planteamientos relacionados con problemas reales, pero después de dos años varias de sus iniciativas principales no han completado el proceso legislativo.

Su resultado propio más visible ha sido la creación del Día Estatal de la Pequeña y el Pequeño Comerciante. Es un reconocimiento válido, pero simbólico: no reduce impuestos, no mejora la seguridad ni resuelve las dificultades del sector. También ha promovido exhortos sobre adultos mayores y reciclaje, pero un exhorto no obliga ni garantiza resultados.

El problema no es que Barraza permanezca completamente inactivo, sino que su desempeño está muy por debajo de la expectativa que él mismo construyó. Llegó como supuesto especialista en administración municipal, pero no ha conseguido convertir esa experiencia en reformas trascendentes ni se ha distinguido por una fiscalización rigurosa.

También está el tema de la lealtad. Cuando un proyecto deja de ofrecerle oportunidades, Barraza busca acomodo en el siguiente. En política, un perfil chapulín representa un riesgo porque nunca queda claro si su lealtad está con una causa, con un equipo o solamente con su próxima posición.

Por eso tampoco parece ser alguien en quien pueda depositarse fácilmente la confianza. Para el gobernador Alfonso Durazo sería muy riesgoso concederle mayores oportunidades o responsabilidades a un personaje que ya recibió una importante y no logró sacar la chamba.

Antes de aspirar a nuevos espacios, Barraza tendría que demostrar que pudo con el que ya tiene. La fama puede sostener un mito; la lealtad y la confianza política solamente se ganan con resultados.

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