‘No ofendí a nadie’, Bárbara de Regil dice: ‘yo no soy racista’

‘No ofendí a nadie’, Bárbara de Regil dice: ‘yo no soy racista’

La viralidad en la que las redes sociales destruyen reputaciones es para quedarte pasmado. Un resbalón puede producir toda una avalancha de comentarios.

A más de una semana de haber emitido comentarios bastante cuestionables sobre el color de piel, la actriz Bárbara de Regil dio una respuesta a aquellos que osaron en criticarla y calificarla como racista.

En su cuenta de Instagram, Bárbara le dio un espacio al discurso para justificar sus acciones. No hubo una disculpa, pero sí una explicación que como en otras ocasiones, apela a lo mal que siempre la hemos interpretado.

“Entiendo perfecto que estamos viviendo un momento sumamente difícil en cuanto al racismo, lo entiendo y me duele mucho, porque yo no soy racista. La gente que me conoce y ha seguido mis redes desde siempre, sabe el ser humano que soy”

Bárbara dijo que ella nunca ha querido ofender a nadie, al contrario ella comparte gratis todo el amor que tiene a sus seguidores y aseguró que se refirió solo a ella.

“Yo hablé de mí en primera persona, y después rematé con un ¡ay, qué horror! porque me acordé de que mi adolescencia me metí a la cama de bronceado todos los días, porque estaba de moda”

Bárbara insiste que a diferencia de sus detractores ella sólo hizo un ‘mal comentario’, igual que cuando llamó sucios y sin amor propio a las personas que la critican, o cuando por error mencionó que la violencia de género se puede parar con un diálogo. Solo son errores.

Lo que Bárbara ignora es que no estamos viviendo un momento difícil en cuanto al racismo. El racismo existe y cobra la vida de muchas personas, no solo por los sucesos en Estados Unidos, sino por las conductas normalizadas en las que se asocia el color de piel con la falta de oportuninades y la discriminación.

Llamar o llamarse así mismo, prieto, naco, gata, o cualquier otro adjetivo negativo asociado a una condición social es alimentar un prejuicio; uno que se repite y termina por ser normalizado.

El ejemplo perfecto es su hija, quien quizá tenga tan normalizada la palabra naco que la repite como algo despreciable y hasta gracioso, porque los prejuicios también se heredan.

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